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La cuestión es renovarse o morir
El comercio tradicional se enfrenta a la expansión de las grandes superficies, ejemplos de una economía globalizada, lo que les obliga a un gran esfuerzo de adaptación a los nuevos hábitos de los consumidores.
Renovarse o morir. Ése es el reto al que se enfrenta el pequeño comercio, atosigado por la instalación de grandes superficies comerciales. Un marco que les obligará - ya de hecho lo está haciendo - a adaptarse a los nuevos hábitos de los consumidores y a prepararse para combatir los efectos de una economía cada vez más globalizada y cuyos efectos son aplastantes para la actividad doméstica de territorios alejados y fragmentados.
EL DÍA sentó en torno a su última mesa de debate a representantes de la Administración, del sector comercial y de los consumidores para analizar la situación del comercio tradicional y, sobre todo, para que debatieran sobre las recetas a prescribir a un "enfermo" que, sin estar en la UVI, no consigue abandonar el hospital.
Andrés Conesa, director general de Comercio del Gobierno de Canarias; Luis de Miguel Bartolomé, presidente de la Federación de Comercio provincial (Fedeco); Juan Farizo, presidente de Zona Centro, y Juan Carlos Córdoba, de la Unión de Consumidores de España (UCE), discutieron con intensidad y, en algunos momentos, con auténtica pasión, sobre las fórmulas para revitalizar el comercio tradicional.
Conesa realizó a mitad del debate una afirmación que puede resumir la política del Ejecutivo en esta materia. Aun tutelando de alguna manera la renovación de las estructuras comerciales tradicionales, el director general subrayó que "un excesivo apadrinamiento de la Administración conduce a la ineficacia económica". Por ello, indicó que a pesar de que el Gobierno pudiera realizar acciones de protección el problema no son las grandes superficies, sino los cambios de hábitos del consumidor, "que pide otro comercio diferente al que ha habido".
Un esfuerzo que han realizado los pequeños empresarios y que no se puede negar de ninguna manera, en opinión de Luis de Miguel, quien vertió las opiniones más críticas contra la política del Gobierno y contra las consecuencias de la instalación de grandes superficies, a las que calificó de "competidores" que se están comiendo al pequeño comercio.
Al argumento de Conesa de que el futuro de estos negocios no depende ni de la Administración ni de las grandes superficies, sino de ellos mismos y de su capacidad de adaptación, previsión y asociacionismo, De Miguel respondió que "ése es un discurso fácil de hacer después de permitir que aquí venga todo el mundo".
El presidente de Fedeco criticó el descuido del Gobierno nacionalista, "que no ha sabido proteger y defender su propio comercio" y aseguró que es el momento de que el Ejecutivo "coja de nuevo la antorcha para ver de qué manera se puede luchar contra ellos".
Juan Farizo, responsable de la asociación que agrupa a los comerciantes del centro de Santa Cruz, aseguró que el gran capital permite unas operaciones comerciales a las que el pequeño comercio no puede llegar e introdujo en el debate el asunto de las franquicias, con las que, en su opinión, no es posible competir. "El futuro pasa por intentar aunar los esfuerzos de las zonas comerciales abiertas e intentar utilizar las mismas armas de las grandes corporaciones, tanto en cuestiones publicitarias, como de ocio y accesibilidad". Farizo lanzó también un mensaje de esperanza: "Los comerciantes estamos ilusionados con que esto lo vamos a sacar adelante".
Juan Carlos Córdoba, de la UCE, recordó que ya desde el año 96 la organización dijo que había que modernizar las estructuras comerciales tradicionales y darles un empujón en formación. A partir de ahora también se deben tener cuenta otras fórmulas de negocio que tienen que ver con las nuevas tecnologías y que permitirán un comercio sin horarios y con rebajas continuas.
El director general recordó que en los últimos años el subsector más perjudicado ha sido el de alimentación y, concretamente, los supermercados de barrio. Pero éstos, indicó, no se han quejado del impacto de las grandes superficies, sino que su principal reclamación era la de contar con gente formada.
Conesa dijo que el pequeño comercio tiene futuro, aun en Canarias, y señaló que en Tenerife, mirado en conjunto, no existen problemas de cuotas de mercado. Aseguró, en cualquier caso, que esas cuotas se conciben como mecanismos para aumentar la competencia.
Otro punto del debate tuvo que ver con que en las grandes superficies se instalan también pequeños comerciantes de las Islas, aspecto que se debe tener en cuenta. Una consideración que no compartió con demasiado entusiasmo Luis de Miguel, quien aseguró que "no podemos defender a las grandes superficies porque 30 empresarios de aquí se metan en ellas, mientras hay otros 16 mil que salen perjudicados".
Luis de Miguel consideró, por otra parte, que la futura moratoria comercial, aunque tarde, podrá dar tiempo para reflexionar durante dos años y reorganizar el sector comercial. Pidió regulación no sólo para la instalación de los híper, sino también para la implantación de grandes almacenes.
Mientras tanto, Farizo demandó inversión de las administraciones públicas para mejorar los entornos de las zonas comerciales abiertas y Conesa abundó en que, además de la moratoria, se debe potenciar el nexo entre turismo y comercio. "Si estamos apostando por un turismo de calidad, tenemos la necesidad de ofrecerle también un comercio de calidad". Unas medidas que se deben complementar con un mayor grado de asociacionismo territorial y el funcionamiento de una central de compras, que haga más competitivo el negocio tradicional.